¿ACEPTAMOS LA REALIDAD TAL Y COMO ES?

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A veces escuchamos expresiones como: “¡qué bonita era la flor cuando su color era intenso!” El tiempo, la observación continua de la naturaleza, el crecimiento personal y espiritual, mis experiencias, me han llevado a reflexionar sobre este tema. Realmente cuando observamos algo, ya sea una persona, animal, paisaje, etc. ¿estamos totalmente presentes en la relación? ¿lo estamos viendo, escuchando, sientiendo y percibiendo tal y como es, o tenemos imágenes y prejuicios ya creados?

¿Por qué, en ocasiones, expresamos que una flor como la de la foto, deja de ser bella? ¿Acaso no estamos atrapados en nuestras propias imágenes y conceptos mentales de lo que es la belleza? ¿Y si observásemos la flor con “mente de principiante”? ¿Y si la mirásemos como lo hacen los niños por primera vez? ¿Acaso no soltaríamos una expresión parecida a: “¡¡¡Guauuu qué cambio que hizo la flor!!!”?

Nuestra mente de adulto, en ocasiones, nos genera una ilusión y desconexión con las leyes naturales. Una de ellas es la Ley de la Impermanencia: Todo cambia. ¿Acaso cuando vas por la montaña y se te cae el móvil por un precipicio exclamas: “¡¡Maldita Ley de la Gravitación Universal!!, ¿¿¿por qué me has hecho esto a mi???”? Al igual que esto no es típico, tampoco debería de serlo vivir de espaldas a la Ley de la Impermanencia. Esa flor nace, crece y morirá y se volverá a repetir el ciclo tal y como lo hacen las olas del mar. Apegarnos a la imagen del estado de la flor, es sutilmente no aceptar las cosas tal y como son. Este baile de nacimiento, vida y muerte también tiene su belleza y, lo más importante, nos permite maravillarnos y aceptar las cosas tal y como son.

— Germán Ramos Torrecillas